Hace un tiempo leí sobre la historia de Polaroid, el imperio que alguna vez se vio obligado a cerrar sus puertas debido a la digitalización que venía en camino con la llegada de los Smartphones, ¿quién podría ocupar una cámara analógica si ya está incluida una cámara digital en el celular? Si bien, esto tiene mucho sentido para algunos, millenials en su mayoría, fue interesante el comportamiento de las personas que alguna vez tuvieron la oportunidad de poseer tan olvidado artículo. Las mismas que tuvieron que adaptarse a las nuevas tecnologías que ofrecían guardar todo en la nube, o por el contrario, no se adaptaron y se vieron con la necesidad de perder tantos recuerdos de aquellos celulares sin un almacenamiento suficiente o con poco alcance tecnológico.
En lo personal guardar cosas como fotos en la nube no ha sido muy útil, ya que en automático, las fotos se suben sin importar el grado de prioridad, podrían subirse tanto fotos de la boda de mi primo como memes, imágenes efímeras, logrando llenar por completo el espacio de almacenamiento. Sin embargo si me preguntan de las fotos que más aprecio, todas o casi todas, fueron tomadas y reveladas por medio de una cámara analógica y entonces pienso que tiene que ver más con la vivencia del día en que la foto fue tomada que -aunque nací en los 90´s en plena comercialización del Tamagotchi y en una generación reconocida como “los nativos digitales”-recuerdo lo memorable que era esperar a capturar el momento mientras tratabas de no parpadear, pues solo contabas con un rollo de 32 a 36 fotos. La emoción venía después, recuerdo lo feliz que era tomar la pila de fotos y disfrutar de ellas viéndolas, era algo que unía porque se compartían momentos en familia pero sobre todo era algo tangible.
¿Cómo ha cambiado la fotografía en los últimos años? Las cosas han cambiado bastante, ahora la actividad de pasar el rato viendo fotos se convirtió una actividad poco recurrente pero igual de emocionante y si los años pasan, la sensación suele ser mejor. Me pregunto si todas las fotografías digitales tomadas en la última década sobrevivirán para convertirse en documentos realmente útiles sobre la vida a principios del Siglo XXI. Como humanidad hemos registrado un sinfín de acontecimientos que no imagino la cantidad de fotos que podrían estar ahí. Por fortuna y si retomamos esta referencia con la digitalización de las cosas veremos que evolucionó al Timeline de Facebook o iPhoto de Apple que se encargan de hacerte recordar qué paso en tal día. Nate Lanxon, quien es editor del sitio de tecnología wired.co.uk se contrapone a esta nueva modalidad, él piensa que «empieza a sentirse como que Google y Facebook son más dueños de nuestras fotos que nosotros mismos».
Entonces ¿por qué la tecnología suele sobrepasar los límites de privacidad de esa manera? ¿Podrá la digitalización desvanecer el acto de apreciación de las fotografías como se hacía antes? Son algunos planteamientos con los que me gustaría empezar. Lo cierto es que la era digital nos ha dado la vuelta por mucho. Desarrollando esta idea me encontré con un video a cargo de “Impossible Project” titulado: “A Brief History of The Impossible Project” un pequeño cortometraje que nos habla sobre el resurgimiento de la ya mencionada marca de cámaras instantáneas Polaroid.
Si bien, la marca no logro adaptarse a la era digital, pudo aceptarse y retomar los caminos que un día dieron identidad a la marca. Fue en el 2008 cuando decidieron regresar al mercado con la cámara analógica Polaroid Impossible Proyect 600 que hacía fotos instantáneas como hace años lo hacía. El video es sumamente sincero empezando por explicar que las fotografías en físico quedaron muy obsoletas pero que siguen siendo trascendentes y por dicha razón la compañía apostó para traer de vuelta sus más antaños modelos. Fue cuestión de unos años para que Polaroid regresara a liderar el mercado de cámaras analógicas, a pesar de que Fujifilm, empresa japonesa con el mismo giro, estuviera haciendo lo mismo en los últimos años.
Según datos del sitio oficial de Polaroid su historia empieza en 1947 cuando Edwin H. Land anuncia su más grandiosa hazaña al mostrar cámara con la primera fotografía instantánea ya que sólo tenías que esperar 60 segundos para tenerla en tus manos. Recordemos que en esa época obtener una imagen te llevaba días, debido a que tenías que mandar la cámara de regreso a la fábrica para que pudieran ser reveladas las fotos. Claro, fue todo un proceso de años para hacer mejoras como todo producto y hasta 1963 se obtuvo una cámara que tenía su propio control de exposición luz, sin olvidar que ya eran fotografías a color ayudando así, a potencializar el trabajo de los fotógrafos en aquella época.
Entonces ¿cuál fue el mayor éxito para la empresa: el surgimiento de la cámara instantánea o su resurgimiento en la era digital? Ambos acontecimientos me resultan interesantes pero el más inquietante fue retomar la idea de poseer fotografías como hace más de 50 años. La tecnología no comprende de emociones o nostalgia detrás de una fotografía -no aún- pero como seres humanos nos vemos con la necesidad de poseer las cosas, al tenerlas, sentirlas y percibirlas nos otorga sentido de pertenencia. Los objetos tangibles toman un valor significativo en la vida del hombre debido a que son captados con nuestros sentidos.
Don Norman ingeniero, psicólogo y residente Silicon Valley California autor del conocido libro: “The design of everyday things” relata que con el paso del tiempo la psicología de las personas permanece igual pero las herramientas y los objetos en el mundo cambian constantemente. Las culturas también lo hacen -en su propia escala- y los alcances tecnológicos cambian tan rápido como cambió la modalidad de tomar una foto. A comparación de los principios del diseño, éstos permanecen, pero en medida de que son aplicados también sufren modificaciones para crear nuevos métodos. En los últimos años, la tecnología ha metido en problemas a los usuarios. “El problema es la tecnología y no las personas” o mejor explicado Norman nos dice: “La tecnología cambia rápidamente, pero las personas y su cultura cambian lentamente”.
A marchas forzadas la acción de tomar una fotografía hoy en día consiste en ser el primero en publicar y saber escoger cuál es la más asertiva, referente a un suceso importante, para subir a la red, cuál es la más representativa del momento entre miles de fotos en nuestra galería. Ahora es demostrar en tiempo real lo que haces en tu vida. Ya no son momentos pasados sino que ahora se captura el tiempo presente. La creciente tecnología nos ha obligado a la inmediatez de las cosas, pasando de la actividad de capturar un momento para recordar el pasado a transmitir la inmediatez de lo que se vive. Así es como nuestra cultura de crecimiento lento adoptó este sistema de la digitalización de las fotos.
Otro autor, Andrew Keen, quien escribió The Cult of the Amateur: How Today’s Internet is Killing Our Culture» publicado en el 2007 explica de una forma un tanto pesimista por qué el tomar una foto se ha convertido en algo tan fácil, y ha terminado por sepultar la actividad del arte de tomar una foto. «Ahora todos son fotógrafos. A todos les gusta registrar todo sin fin». La digitalización provocó que todos queramos dar nuestro mejor esfuerzo a la hora de postear una foto, ya que es nuestra identidad la que está expuesta, finalmente somos los autores de nuestra actividad en las redes sociales. Sin embargo lo que Andrew Keen expone es que abandonamos por completo la idea del acto de capturar el momento importante y ante nuestros ojos se pierde el momento especial entre tantas tomas que pasarán a ser parte de nuestra galería interminable.
También la manipulación de una fotografía ha evolucionado. Supone que debería ser la fotografía una exposición perfecta, en el sentido de fidelidad a lo que el ojo está viendo en al momento. Alfonso Rodríguez, fotoperiodista y profesor en la Universidad Politécnica de Cataluña argumenta que “… en cuanto a edición de la fotografía se refiere, los ajustes serán sólo aquellos que comporten la modificación de brillo de forma ligera, la saturación de colores o al contrario máscaras de enfoque ligeras y, tal vez, eliminar alguna mancha del sensor”. Pero fuera del marco periodístico hoy en día es muy común la manera en que las personas editan sus fotos. Evidentemente no hay reglas, todos quienes son poseedores de un teléfono móvil con cámara pueden hacer y deshacer la imagen sin temor de Dios.
Lo que antes significaba el arte de tomar una fotografía, o la apreciación de una foto ahora se ha convertido en algo fugaz y transitorio, se ha trasformado en un sentido de ocio y moda. El papel como diseñador industrial en este punto, le concierne mucho, se debe replantear el traer dispositivos tan sofisticados que a la vez encierran al usuario en el mundo digital. Es trabajo del diseñador entender y balancear la psicología del usuario; aquella que perdura en el tiempo y la tecnología; la cual crece a pasos agigantados, a la par, ya que como dice Norman los ingenieros seguirán pensando en la parte lógica en cómo tienen que funcionar las cosas y no, en como realmente las personas y su cultura lo perciben. Se requiere mediar el crecimiento lento de la cultura con las tecnologías rápidas para no caer en la producción de productos basura.
Autor. Guadalupe Alvarado