Estudiante de diseño industrial intentando hacer poesía

El semestre pasado comencé a tomar clases en un taller de poemas impartido por Romina Cazón, en el Museo de la Ciudad de Querétaro. Llegué al taller invitado por uno de mis mejores amigos que recién había egresado de la Licenciatura en Derecho.

“¿Y usted a qué viene?” preguntó, Romina, con su singular acento argentino, a lo que yo respondí “a aprender”, ella contestó con una pequeña risa y después me dijo: “usted me recuerda a una persona que intentó robarme un beso en alguna fiesta” y esta vez reí yo.

Después de cuatro semanas asistiendo al taller, decidí inaugurarme con un poema al que titulé “Hijos bastardos”, inspirado por mi desaparecido padre, del cual me gustaría decir que utilizó la técnica de salir por una caja de cigarrillos, pero ni siquiera se dignó a eso.

Vas allí a sentarte con tus poemas recién impresos, repartes una copia a cada uno de tus compañeros que también son tus críticos y esperas a que llegue tu turno, mientras tanto pones cara de parca fingiendo no estar nervioso, sientes frío y estás escurriendo. Tu turno se acerca y vas pensando en qué tono de voz vas a utilizar, qué tanto volumen y relees tu poema para no cometer errores. Es tu turno, inhalas, exhalas, comienzas, trastabilleas y finalizas, no estuvo tan mal. Viene la crítica, el poeta sólo escucha y en la mayoría de los casos terminas con Romina diciéndote “no muchacho, de las cinco estrofas que escribiste quedate (la tilde por la argentina) con esta” ¿y con las otras cuatro qué hago? Aquí se encierra uno de los temas que para mí es importantísimo tanto para un diseñador como para un poeta y seguramente para cualquiera que sea el oficio que se ejerza, la crítica honesta sin ser ofensiva es lo mejor que alguien puede hacer por ti. Las críticas suelen doler y más sí son honestas, “tu poema está lleno de seseo”, “no tienes buenos acabados”, “en el verso cinco hay una cacofonía”, “tu diseño no es ergonómico y las medidas son incorrectas” y las pesadillas de unos u otros, “tu poema no genera ninguna imagen” o “el problema que intentas resolver con el producto que me estás entregando ya tiene solución y es mejor a la tuya” ¡AUCH!

El punto con la crítica es que te ayuda a darte cuenta de cuáles son tus errores y perfeccionar lo que sea que estés haciendo, siempre y cuando puedas dejar a un lado el ego. La mayoría de las veces sabemos cuáles son nuestros errores e intentamos evitar confrontarlos, porque cuando aceptas que puedes mejorar algo cae en ti la responsabilidad de hacerlo, lo cual es más trabajo comparado con fingir que se es suficientemente bueno y no hacer nada.

Estas ideas de relacionar los poemas con el diseño me vienen casi siempre a la cabeza cuando estoy en la mesa del taller de poemas escuchando a Romina explicar cómo debemos escribir, usando como ejemplo a Nicanor Parra, Alejandra Pizarnik, Octavio Paz. Uno de esos viernes de taller ella nos hablaba sobre la diferencia entre hacer poemas y hacer poesía y de inmediato pensé en la relación entre el diseño industrial y el escribir poemas, primero que nada, la poesía, tanto un diseñador industrial como un poeta pueden crear poesía, veamos la definición de poesía: “Cualidad de una cosa o de una persona que produce un sentimiento o emoción estética y afectiva.” Entonces si cualquier cosa puede ser poesía ¿cuál es la labor del poeta? Su objetivo es plasmar en el papel o fuera de él, la experiencia poética.

¿Les suena diseñadores? Vamos que de eso se trata hoy en día la labor del diseñador, de crear experiencias, con un producto ya sea tangible o intangible se crea poesía, los poemas al igual que los productos transmiten algo, lo que sea, aberración, zozobra, encanto, fascinación, asco; todo depende de lo que el poeta o el diseñador quieran transmitir, el reto es lograr transmitirlo de manera correcta, con la intensidad deseada, sin titubeos y con limpieza.

Un poema que a Romina le fascina y que usa mucho como ejemplo es “Cuando mando mis poemas a un concurso” de Legna Rodríguez Iglesias:

Cuando mando mis poemas a un concurso
imagino a Dios diciéndome:
no te preocupes, belleza
ese dinero es tuyo
y duermo en paz
absoluta
más tarde
cuando el dinero pasa de largo
frente a mis ojos incrédulos
Dios me dice:
era una broma, belleza
sigue escribiendo, belleza.

Un poema corto que no necesita de extraños adornos, necesita de una imagen clara, cito: recibí una carta que viene desde el sur.

Los poemas y el diseño requieren práctica, técnica y creatividad, aunque… ¿de dónde surge la creatividad? La creatividad surge de: práctica, práctica, práctica, experiencia, práctica, experiencia, práctica, práctica, práctica. ¿Y de dónde surge la técnica? De más práctica. Vamos, sé muy bien que la dedicación es necesaria en cualquier rubro, pero considero vale la pena mencionarlo.

En fin, indudablemente debe haber muchísimas más relaciones entre la escritura de poemas y el diseño industrial, probablemente vayan surgiendo en próximas mesas de los viernes del taller de poemas, este semestre he ido una sólo vez porque el horario del taller se interpone con el de una materia de mi carrera, pero espero el siguiente no pase lo mismo.

Autor: Sebastian Esparza

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