Digitalización: ¿Amiga o enemiga del diseño industrial?

Al hablar de diseño industrial automáticamente viene a nuestra mente un render, la generación de un producto, la ideación de algo nuevo o una larga fila de máquinas trabajando en una empresa, etc.; en fin, la mayoría de estas imágenes, las vemos como si fueran resultado de un trabajo exclusivamente digital. 

A lo largo de los años el diseño industrial ha ido modificando sus procesos, herramientas y hasta su definición, por lo que no podemos hablar del mismo concepto sobre el diseñador de hace 50 años en comparación al diseñador al actual, pero: ¿Por qué? 

Ahora todo es digital, desde la investigación, conceptualización, aplicación y hasta la manufactura de un producto. Todos podemos pensar que es una ventaja el tener software de apoyo y probablemente eso sea cierto, puesto que siempre que una herramienta ayuda al ser humano a realizar una tarea lo vemos como algo positivo, sin embargo: ¿Realmente nos damos cuenta de lo que este tipo de “ventajas” nos han quitado? 

Para visualizarlo de una de las maneras más notorias que hay, podemos observarlo desde el aspecto económico. Un diseñador industrial de los años 80 ganaba en una mensualidad la misma cantidad que se necesitaba para adquirir un automóvil, mientras que actualmente el salario mensual destinado a estos profesionistas está valuado aproximadamente en $15,000 mensuales, lo cual no es suficiente ni para pagar la cuarta parte de un enganche automotriz. 

El trabajo del diseñador no es valorado igualmente como lo era hace unas décadas. Ahora podemos ver en algunas páginas web cómo es posible literalmente descargar un archivo con un diseño, imprimirlo en 3d y usarlo en tu casa. Esto ha demeritado el trabajo de ideación y se ha convertido en algo cotidiano, por lo que las personas se sienten capaces de hacer el trabajo de un diseñador y por lo mismo no es remunerado de forma justa. Con la creciente influencia del internet y las redes sociales ahora es posible hasta aprender a utilizar software de diseño en video tutoriales en pocas horas, por lo que las nuevas tecnologías están dejando obsoletos también los procesos educativos y programas que se imparten en las universidades. 

Los diseñadores de antes tenían habilidades manuales, generaban los conceptos en su mente y eran perfectamente capaces de transmitirlo a su cliente con una simple hoja de papel, los planos se hacían cuidadosamente a mano y era un trabajo muy bien pagado por la complejidad del mismo; los modelos eran piezas únicas trabajadas con las herramientas para manejar madera, metal, cerámicos, etc. 

Ahora es muy difícil ver este tipo de cosas. Se presenta una idea al cliente en 3d modelado en el software disponible, los planos del producto impresos, terminados con solo algunos clics para agregar sus cotas y los modelos pueden ser impresos en 3d prácticamente en cualquier material. 

Debido a esto actualmente para un diseñador es prácticamente imposible trabajar sin una computadora, lo que genera algunos cuestionamientos: ¿Qué grado de dependencia podemos desarrollar hacia la tecnología? ¿Estamos seguros de que nosotros, como diseñadores actuales somos capaces de transmitir nuestros conceptos e ideas en minutos o nuestro cliente debe esperar días a que preparemos una presentación, un modelo en 3d o un render digital? 

No se debe reconocer al diseñador por simplemente saber conformar un archivo digital o manejar software, no se debe dejar de lado las habilidades de diseñador que lo llevan a obtener ese título, tales como: la mentalidad, el análisis y la racionalización de las metodologías. Las tecnologías del presente están aquí para facilitar tareas, pero son las capacidades las que generan la creatividad y que permiten que el diseñador sea un diseñador… haya o no haya luz ese día en el despacho. 

Es un diseño industrial muy diferente al de hace 50 años, la tecnología también tiene como ventaja la aproximación del producto al cliente, la investigación y el desarrollo del concepto adaptado a un usuario en específico, que hace al diseño más consciente. Nos permite entender e identificar los tipos de usuarios, pero a la vez implica retos en la industria, pues los mercados globales demandan productos diferenciados, adaptados a los estilos de vida de los consumidores. El consumidor actual busca con sus adquisiciones afirmar su personalidad anulada por el constante incremento en la población. 

Como desventaja en este aspecto podríamos ver el lado negativo de las conexiones en el mundo, ahora es mucho más visible un error en cualquier empresa, pues en un instante se puede volver viral en redes sociales, lo que reta al diseñador a ser prácticamente perfecto a las exigencias del mercado actual. 

Pero no en un sentido de perfección visual, es esencial no perder el objetivo del diseño a consciencia. Debido a la extensión de las nuevas tecnologías, se han producido unas nuevas condiciones de competitividad en los mercados en las que los aspectos visuales de los productos predominan sobre los funcionales. 

Como las empresas buscan más ganancias, dejan de lado el que debería ser el principal objetivo del diseño: satisfacer una necesidad con un producto funcional. 

En vez de eso se genera cada vez más basura que será reemplazada al cabo de meses por una basura diferente. 

La tecnología y digitalización traen consigo infinidad de ventajas al sector industrial como eficientizar la producción en serie y ayudar en el proceso de manufactura, pero con esto se cae en la cuenta de que se ha remplazado el trabajo de las personas. Ahora ningún producto de diseñador es fabricado por él mismo sin la intervención de alguna máquina. Se podría decir que obtuvieron el papel del diseñador. Aunque es posible que tenga más calidad, jamás se podrá comparar una pieza hecha a mano a una maquinada en cuanto al valor del trabajo del hombre. 

Como en el caso del arte, no es posible comparar un cuadro pintado por una persona a una simple impresión digital. 

Podría decirse que es parte de la nueva era digital y como cada transformación en las etapas de la historia humana, provoca cambios en la participación del hombre en la industria. La diferencia es que las revoluciones anteriores aportaron a la civilización fuerza o destreza físicas, mientras que ahora las capacidades van mucho más allá, porque son cognitivas, por lo que los gobiernos deben plantearse los posibles efectos sociales y no tecnológicos que supondrá el que las personas puedan vivir sin trabajar “Las máquinas terminarán sustituyendo de forma masiva a las personas, donde una élite podría manejar el mundo, la formada por expertos en los algoritmos más complejos” (Calum Chac, 2017). La digitalización pone en peligro a más de la mitad de los puestos de trabajo europeos en los próximos 20 años. 

Con el aumento diario a la población, la demanda a las profesiones es cada vez mayor y con la tecnología, los puestos de trabajo en vez de aumentar disminuyen, lo que hace que la competencia entre los trabajadores de todo el mundo crezca cada día más y resulte una amenaza permanente, basada en la subcontratación para reducir costos, con condiciones más favorables para la empresa en vez de para el trabajador, modificando negativamente las condiciones de trabajo, haciéndolo cada vez peor pagado y con menos prestaciones. Ahora se depende de “si quieres el trabajo (el cual es altamente demandado), acepta las condiciones, si no, alguien más lo hará.” 

En la cuarta revolución industrial la persona tendrá una importancia creciente, basada en la era del talento, modificando el perfil de trabajador, aumentando las personas que investigan o programan, será más requerida la persona que trabaje para una máquina que las máquinas que trabajen para las personas. 

La digitalización provoca aumentos en ganancias; reduciendo el tiempo y material utilizado, antes se debía manufacturar en físico el modelo de un producto, fabricar el primero de su tipo para poder realizar pruebas de diseño y resistencia, ahora eso puede hacerse desde un análisis en algún software, los beneficios son muchos, pero eso solo beneficia a los dueños de la empresa, ¿Qué pasa con los empleos de las personas encargadas de realizar el prototipo? Simplemente desaparecen. 

Se estima que con los nuevos procesos de fabricación se tendrá un impacto de alrededor del 40% en todos los puestos de trabajo, incluidos los técnicos y administrativos. 

Es cuestión de poner en una balanza los pros y contras que vienen con la digitalización industrial, no podemos decir que es algo que nos afecta totalmente porque trae consigo muchas ventajas, pero tampoco podemos ignorar el hecho de que este tipo de tecnologías implican cambios radicales en los procesos actuales, por lo que éste solo será un proyecto exitoso para las empresas, los empleados y las personas que accedan al mercado de trabajo si se promueve la participación y la igualdad de oportunidades, no cuando sólo unos pocos colectivos o personas se benefician de los resultados. 

Es indispensable que no se pierda el control, pensar en el ganar-ganar, lo cual implica buenas condiciones de vida para todos, no solo para unos cuantos, y definir hasta qué punto se debe incluir en nuestros procesos, de qué manera los apoyará en vez de modificarlos por completo. 

La pregunta es: ¿Estamos adaptando la digitalización en nuestras necesidades o la digitalización nos adapta a sus exigencias? 

Referencias 

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar